jueves, 3 de septiembre de 2009

Saludos estimado visitante.
Este blog està pensado para compartir informaciòn, impresiones, comentarios y aportes referidos a la Educaciòn Corporal y la Pedagogìa.
¡ Enhorabuena !

Con aprecio y respeto;
Prof. MSc. Alixon Reyes

PEDAGOGIA DEL MOVIMIENTO Y ENRIQUECIMIENTO MOTRIZ
Prof. Alixon Reyes
alixdavid79@yahoo.com
UPEL-IPM


Todo el fenómeno del cuerpo es desde el punto de vista intelectual tan superior a nuestra conciencia, a nuestro espíritu, a nuestra manera de pensar, de sentir y querer como el álgebra es superior a la tabla de multiplicar.

Friedrich Nietzsche


Pensar en una pedagogía del movimiento nos lleva a pensar en que debemos aprovechar al máximo el afán de movimiento de los niños y jóvenes. En el mundo actual, tal y como acontece la vida, mundo y sociedades en las que las calles pertenecen ya a los automóviles, las ciudades son cada vez mayores y más populosas, las viviendas cada vez más reducidas, los niños tienen muy pocas –demasiado pocas- oportunidades de moverse todo lo que necesitan. Trastornos de la postura, pesadez y falta de alegría son algunas de las consecuencias de ello. Pero a esa corta lista podemos añadir desde la experiencia en la educación física otra lista, o sea, la falta de movimiento produce daños severos en la postura corporal, debilidad muscular, desviaciones de la columna por el mantenimiento de posturas quietas y encorvadas, trastornos podales (pie plano, pie valgo, etc.), trastornos orgánicos –cardíacos, circulatorios, respiratorios- trastornos en la coordinación, dificultad para reaccionar, trastornos del equilibrio, y más.
A estas alturas temporales ya se reconoce la importancia del movimiento en la configuración del aprendizaje, del desarrollo y el crecimiento, en suma, la maduración, y es por ello que para ninguna persona debería representar un misterio el hecho de que el desarrollo de la inteligencia comienza con la actividad motriz coordinada e intencional y que todo el edificio del conocimiento, la configuración de los saberes y la personalidad se sustentan en la interacción con el otro y en el permanente diálogo tónico-postural-emocional que posibilita la adaptación al medio. Es decir, el movimiento ha de jugar un rol imprescindible en ello. ¿Por qué minimizarlo entonces?, ¿por qué no orientar esas energías infantiles para favorecer aspectos importantes en el desarrollo?, ¿por qué en algunos casos la actitud punitiva en contra del niño que se mueve?. Al parecer el niño quieto es síntoma de un buen alumno mientras que el niño que se mueve es un niño inquieto, falta de respeto, intranquilo, incluso muchos diagnostican a niños inquietos como niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
El movimiento implica libertad, alegría, gozo, experiencia, descubrimiento, aventura, genera incertidumbre, se crea desde la fantasía en el juego, en lo lúdico, en lo que no es decodificable en muchos casos por el maestro, por los padres, pero sí lo es para los compañeritos de cuadra, para los amiguitos de la escuela en el recreo, etc. No debe negarse el movimiento, es esta la forma de expresión más genuina del hombre, en el movimiento tanto lo oral como lo gestual encuentran significado, y separados el uno del otro es poco lo que puede hacerse. Como ejemplo de ello tenemos el mimo. Observar a un mimo es un espectáculo. ¿Por qué no usar la mímica en los espacios educativos y en el contexto familiar?, ¿sabe cuántas posibilidades de aprendizaje surgen a partir de ello?, infinitas. ¿Por qué no usar la danza?, e incluso experiencias de otros tipos que también suelen ser importantes e interesantes.
Hasta hace algunos años el concepto que se manejaba socialmente en Venezuela es que todo lo concerniente al desarrollo motor y a lo corpóreo estaba bajo responsabilidad del dizque especialista en Educación Física, sin embargo, nada más alejado de la realidad, y es necesario reconocer de manera agradable que se percibe en el ambiente educativo una concepción diferente e integradora, eso hay que aplaudirlo. La educación es un proceso que fomenta el desarrollo integral y como tal debe ofrecerse a la población. Una realidad del caso venezolano es que la atención de este especialista a la población estudiantil se iniciaba prácticamente en la segunda etapa, es decir, desde el cuarto grado en adelante, por tanto los niños debían esperar a llegar al cuarto grado para poder comenzar a recibir orientaciones que les permitiesen incorporar a su vida diaria prácticas corporales que fomentasen el tan anhelado desarrollo integral a partir del cuerpo y el movimiento. Gracias a Dios eso ha cambiado, y al revisar los perfiles de los docentes nos encontraremos con que en primer lugar y antes de ser especialistas en un área somos formadores, somos maestros. Ello da por sentado que esta responsabilidad reposa también sobre los hombros del docente integrador, el cual no puede permanecer aislado a la Educación desde el movimiento. Es por ello que se plantea una pedagogía del movimiento.
Ahora bien, tomando en cuenta el propósito de la psicomotricidad como disciplina educativa y científica, es importante hablar de algunos elementos que la constituyen y son necesarios e imprescindibles en la motricidad del niño. De acuerdo con algunos planteamientos sugeridos por Le Boulch (1977) nos referimos a la conciencia corporal, la cual está constituida a su manera de ver por la imagen corporal, el concepto corporal y el esquema corporal; la actividad tónica, que está comprendida por la atención, la relajación, la respiración, la postura, el equilibrio y la mímica expresiva; la coordinación; la lateralidad y la dominancia lateral; y por último la percepción de espacio y tiempo. Sin embargo, existen otros aspectos que se encuentran estrechamente ligados a estos componentes de la motricidad que no pueden pasarse por alto, siendo estos las conductas de movimiento y patrones o esquemas de movimiento, el control de los procesos inhibitorios, el control neuromuscular, etc. A la par de todo ello también se asoma un aspecto que debe ser ineludible en cuanto al tema de la psicomotricidad, siendo éste el de la corporeidad.
La corporeidad tal y como se entiende no puede soslayarse ni omitirse cuando se habla de la educación a través del movimiento, ya que a partir de su comprensión y su inclusión en el currículo y en el día a día de la clase es que se puede hablar de un desarrollo integral y holístico en estos tiempos en los cuales se ha parcelado al hombre en cuerpo y mente y en los cuales se educa al hombre fomentando la independencia de lo cognitivo por sobre lo corpóreo tal y como se había percibido durante muchos años a través de la historia universal.
Entender que el hombre es un cuerpo que piensa, un cuerpo que siente, un cuerpo que comunica y expresa, un cuerpo que se integra, un cuerpo que vive y se enriquece, nos va a permitir apuntar hacia un desarrollo armónico de todos los componentes del ser humano en su proceso educativo y formativo. Y atención, se habla de que el hombre es un cuerpo, no que tiene un cuerpo. Es más, la comprensión de la corporeidad en la educación integral es pertinente, importante, necesaria, imprescindible e impostergable, puesto que no podemos educar y formar al hombre solo desde el contexto de lo cognitivo, es decir, el concepto del cuerpo y la corporeidad no pueden aislarse en el proceso de la construcción del conocimiento. La palabra integral se refiere a la totalidad del ser. Aunque exista la dualidad (por ser la materia diferente cuerpo-espíritu) esto no quiere decir que no exista complementariedad en la unidad del sistema que formamos como seres humanos vivos, y estamos hablando acá específicamente de unidualidad. Berge (1977) sostiene que es un error:

separar las actividades corporales de las del espíritu sin concederles el mismo valor, cuando lejos de ser incompatibles deberían considerarse en su mismo principio como complementarias, moviéndose el cuerpo con inteligencia y sensibilidad y encarnándose el espíritu delicadamente en la expresión del cuerpo (p. 13).

Ahora bien, los elementos que componen la motricidad humana en su totalidad van a fomentar lo que se conoce como enriquecimiento motriz, término que defino como la variación cuali-cuantitativa de la conducta motriz y el repertorio motriz del ser humano, es decir, como la ampliación de posibilidades de movimiento, a la vez que el aumento de la eficacia de las formas jugadas del mismo, a saber, caminar (en cualquier dirección), correr, lanzar, saltar, rodar, recibir algo, dar la vuelta, etc., involucrando aspectos tan importantes como el sentir, la fijación de la atención, la sensación y la percepción, optimizando el desarrollo de la inteligencia kinestésica y las respuestas que el cuerpo puede dar ante una determinada exigencia extendiéndose ello no sólo a nivel fisiológico, sino también a nivel perceptomotor, a nivel afectivo, espiritual y a nivel cognitivo.
Hablar de enriquecimiento motriz podría sugerir que existe el empobrecimiento motriz en la motricidad del niño, joven, adulto, y/o anciano, ya que este tiene que ver con que no exista armonía en los procesos de maduración determinados por el desarrollo y el crecimiento físico, más aún, tiene que ver con un proceso en el cual el individuo no logra apropiarse de las posibilidades que le brinda su cuerpo en el entorno, del hecho de no poseer el conocimiento necesario que le permita tener una percepción clara y objetiva de su propio cuerpo que lo lleve a comprender lo que puede y no puede hacer, y como a partir de ello puede construir su aprendizaje y su relación con los demás y el medio.
Es importante resaltar que muchas personas que conviven en nuestras comunidades y se encuentran entre nosotros mismos -pudiendo esto evidenciarse con los niños en la clase- pueden estar en un franco proceso que empobrezca su motricidad, pero lo que más preocupa aún, es que quizás se está contribuyendo a dicho empobrecimiento en la misma clase debido al mal uso de técnicas y estrategias para la enseñanza, quizás debido al desconocimiento de algunos elementos constitutivos y claves de la motricidad y que son necesarios revisar, quizás a la falta de dominio que tienen algunos docentes sobre los conceptos de conciencia corporal, imagen corporal, concepto corporal, esquemas corporales, patrones y conductas de movimiento, integralidad y algunos otros que hacen posible el desarrollo real del ser humano como los casos de la corporeidad y la unidualidad del hombre.
Como bien lo dice Consejo (s.f.) al afirmar que “En muchos de los casos, en las escuelas se observa la falta de conocimiento que se tiene de la psicomotricidad, recurso que se hace evidente en el Pre-escolar y en los primeros años de la escuela primaria y por consiguiente en la Educación especial” (sec. 1/6).
Las dificultades de aprendizaje provienen, en buena parte, de una estructuración incorrecta de la conciencia corporal, y dentro de ésta, del esquema y la imagen corporal, sumando que a la par de ello se concretan fallas gravísimas en coordinación, movimientos finos y percepción espacial y temporal, sobre todo. Mucho de esto está siendo originado e influenciado por la falta de conocimiento que padece una porción importante de los docentes que interactúan con los niños en sus primeros años de vida escolar.
Lamentablemente por si fuera poco existe también una concepción bastante generalizada que ejerce una fuerte pero nefasta influencia en el sistema educativo nacional subyaciendo ésta en el hecho de que en la práctica se forja y se mantiene una visión dual del hombre, cuestión que inevitablemente polariza a los educadores en el sentido de que se inclinan y se abocan según su especialización al desarrollo de las estructuras cognitivas y al desarrollo de las habilidades y destrezas motrices, dejando de considerar al ser humano, al individuo como un ente global, un ser donde lo cognitivo y lo motriz son interdependientes pero que aún así de manera diferenciada no resultan un todo, puesto que de manera subjetiva el componente afectivo, el espiritual y el social tienen cabida en el hombre, en un hombre.
Es importante aclarar situaciones que lejos de beneficiar, lo que hacen es perjudicar el desarrollo integral y holístico del ser humano en el proceso que como educadores estamos orientando. Más aún, muchos docentes restan importancia a las experiencias de tipo corporal porque tienen una percepción de que ello resulta ser espacio para el recreo y la diversión, para que el niño o niña corra, sude y se divierta, pero sin trascender desde esta posición. Si se conociese la importancia de ello quizás no se malgastaría tanta energía en desdeñar lo que no se conoce. Tan es así que, de acuerdo con esta opinión casi generalizada, en Venezuela los especialistas en Educación Física comenzaban a ejercer regularmente su influencia en los niños a partir de los 9 a 10 años en adelante (aunque es notoria la incorporación de estos docentes a la educación pre-escolar y a la educación especial), justamente cuando ya los procesos de mielinización y los procesos de adquisición de los patrones básicos de la motricidad casi están por concluir para dar paso a la consolidación motriz del ser humano de allí en adelante.
Muchos docentes justifican el hecho de que Educación Física es algo aparte, un área separada del resto y, las clases de castellano, matemática, inglés, historia y geografía son sus clases de castellano, matemática, inglés, historia y geografía, impartiendo por ello clases en el aula sin permitir la movilidad, sin utilizar el cuerpo y el movimiento para lograr fomentar el aprendizaje parcelando el contexto y fragmentando subjetiva y objetivamente el aprendizaje y al ser humano. Pero ahora preguntamos, ¿Cómo sería posible leer si no se desarrolla la dominancia lateral?, ¿cómo se podría escribir si no se desarrolla un adecuado tono muscular?, ¿cómo podríamos caminar si no se logra el desarrollo de la percepción, la orientación y la organización del tiempo y el espacio?. Lamentablemente y de manera triste nos hemos perdido en la maraña del individualismo, el tecnicismo y el didacticismo para separar y fragmentar los saberes. ¿Cómo podemos aún a estas “alturas” pensar que el desarrollo del intelecto debe tener primacía sobre el desarrollo motriz o viceversa?, ¿cómo podemos pensar en pleno siglo XXI que al niño hay que impedirle el movimiento porque de lo contrario es tildado de irreverente, descuidado, falto de atención y despreocupado, entre otros?. En este sentido y contra esta posición, Furlán (1996) afirma que:
A pesar de que efectué una búsqueda amplia de bibliografía, no encontré cuál es la teoría del aprendizaje que sostiene que para aprender contenidos de cultura intelectual o abstracta, se requiera estar(se) sentado y de preferencia ¡quieto!. Sin embargo, desde hace quién sabe cuánto tiempo, esta es la ‘teoría’ implícita que sostiene tanto la práctica como la didáctica que intenta racionalizarla (s.n.).
Se evidencia que entre los errores que se cometen en la práctica pedagógica también se encuentra el parcelamiento del ser humano, la fragmentación del cuerpo y el conocimiento, distorsionando por completo los conceptos de enriquecimiento motriz, desarrollo, maduración, educación, corporeidad, unidualidad, integralidad y holismo. A la par de este planteamiento deseamos continuar con lo esgrimido al principio cuando se hizo referencia al desconocimiento de algunos elementos constitutivos de la psicomotricidad y el cómo esto influye sobre la construcción de la conciencia corporal, del enriquecimiento motriz, el conocimiento y la construcción de la corporeidad por parte del sujeto. Además de ello, a continuación se va a presentar un ejemplo de cómo se perciben algunas acciones educativas erróneas en las clases.
Según Le Boulch (1977) lo primero que se debe buscar desde el contexto de la psicomotricidad es enseñar al niño a tener conciencia de su propio yo, a tener conciencia de su propio cuerpo, siendo allí donde se evidencian los primeros errores a los que hacemos mención dentro de la praxis pedagógica. A continuación se plantean algunas ideas que fueron abordadas principalmente por el Profesor Héctor Peralta, profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, colocando varios ejemplos con conceptos básicos que nos han de ayudar a sustentar el enriquecimiento motriz planteando aspectos fundamentales que el docente especialista en Educación Física y el docente integrador deberían conocer y practicar sin ningún problema. Ello nos permitirá verificar el hecho de lo que muchos están haciendo en la clase.
Al hablar de cerrar, tratándose de las partes del cuerpo, segmentos corporales o de cosas articuladas, nos referimos a juntarlas unas con otras, o sea, la referencia que se hace es al acercamiento de los segmentos corporales. Por ello, al decir a un niño que cierre los ojos, se comete un error. Los ojos no se pueden cerrar, lo que podemos hacer es cerrar los párpados, una acción que es totalmente imposible para los ojos. Esto no sólo sucede en la escuela, o en el preescolar, sino que también se remite al contexto del hogar, puesto que tanto docentes como padres y representantes y demás familiares refuerzan estos conceptos errados en los niños. Inclusive, cuando las madres o las demás mujeres se maquillan, siempre se les escucha decir que se pintaron los ojos, cuando en realidad lo que se pintan no son los ojos, sino las pestañas.
Igualmente se comete un error cuando se ordena a los alumnos a abrir o a cerrar la boca. La boca es el conducto por donde entra el alimento para ser procesado y deglutido, o sea, esto incluye a los labios, los dientes, la lengua, la cavidad bucal, etc. No podemos abrir ni tampoco cerrar la boca, en cambio, lo que sí puede hacerse es abrir o cerrar los labios, algo que es imposible hacer con la boca. En el hogar sucede igual, porque las mujeres hablan de pintarse la boca cuando realmente sólo se pintan los labios, y los padres refuerzan una y otra vez estos falsos conceptos de una u otra forma. Peralta sugiere a manera de reflexión la pregunta: ¿se imaginan ustedes a una persona con la boca pintada?.
Una sugerencia a ser puesta en práctica, manifestada y evidenciada con los niños, sería: cerrar los párpados, ocultar la mirada, no ver, taparse los ojos (bien sea, con los párpados, con las palmas de las manos, con las yemas de los dedos, con la camisa, con una hoja, con cualquier otro objeto), mostrar los dientes, sacar o guardar la lengua, cierra los labios, pintarse los labios, etc. Y así como estos ejemplos, también hay docentes que les hablan y piden a los niños “flexionar los brazos”, los hay aquellos que piden a los niños hacer “flexiones de pecho”, existen aún aquellos (as) que piden a sus alumnos formar una fila e indican una columna y viceversa, y algunas otras realidades que distorsionan de una u otra manera el desarrollo pleno de la motricidad humana.
Hacemos mención a estos ejemplos sencillos porque en base al enriquecimiento motriz que planteamos, la palabra cerrar en el concepto tradicional empobrece, porque usualmente implica el hecho de que realmente sólo se cierran los párpados, pero el niño piensa que cierra los ojos, estando allí el error. Aparte de que no entiende lo que hacía o hace, no puede tener o lograr una conciencia real de su propio yo y de su propio cuerpo. Al decir “cierra los ojos” se implica una sola actividad en la cual sólo el aspecto motor está jugado. Sin embargo, al decir “tapar los ojos”, se fomenta un enriquecimiento psicomotor, ya que, aparte de tener una conciencia real de su propio yo y de su propio cuerpo pone en juego un claro uso de su psique, a la vez que tiene mayores posibilidades de ejecución, más opciones de movimientos, en las cuales está implicada la creatividad para resolver la tarea a través de una experiencia corporal. Si se cuenta con un grupo de personas la tarea ha de resultar más productiva aún porque a medida que las posibilidades de movimiento se vayan agotando por persona, el que sigue tendrá que elaborar una forma diferente que le permita satisfacer la demanda del movimiento. Ello tiene que ver con desarrollo del pensamiento a través de una experiencia corporal.
Aparte de lo ya expuesto, es pertinente hacer una consideración más para plasmar la necesidad existente que hay sobre el formar y educar dándole la importancia debida a las experiencias de origen corporal a través del fomento del enriquecimiento motriz. Pateti (2005, Diciembre) describe de una manera muy sencilla la relación existente entre lo corpóreo y lo cognitivo y su incidencia de lo uno sobre lo otro en la formación del niño. Ella al abordar el tema sostiene que:

Existe una gran importancia en el hecho de que se coadyuve el logro de la madurez motriz del niño ya que esto incide directa y determinantemente sobre:
 Tono Muscular y aprehensión de instrumentos (lápiz).
 Postura (diálogo tónico) y ubicación en el espacio para el trabajo (sentado).
 Disociación y Coordinación de movimientos (hacia los 6 años).
 Direccionalidad y escritura (derecha – izquierda; arriba – abajo).
 Sentido de rotación y escritura (sentido de las agujas del reloj y contrario).
 Precisión del gesto y escritura (freno inhibitorio).
 Continuidad del trazo y escritura (fatiga muscular).
 Posición del papel y postura al escribir.
 Orientación en el espacio (u – n; p – q; b – d; 6 – 9).
 Ordenación espacial (le – el; 21 – 12; etc.).
 Proporción (letras mayúsculas y minúsculas).

No solo es el asunto de la conciencia corporal incidiendo sobre lo estrictamente motor, sino que también se puede observar claramente que también incide sobre otras cuestiones que trascienden a lo cognitivo y al uso cotidiano y necesario del ser humano. Existen otros aspectos que pueden distorsionar el aprendizaje y por ende el desarrollo del niño, como bien puede ser el caso de la confusión de letras y números en los que un niño tiene dificultades para reconocer la letra b o la letra d, las letras p o q, etc.
Casos como los mencionados con anterioridad se evidencian con frecuencia en la escuela, y en varias ocasiones el o los docentes no entienden el por qué el niño no puede escribir tal o cual letra o tal o cual número. Por no saber ni conocer la causa o el origen del problema, no puede entonces ayudar al niño en cuestión. Este es el caso particular de un niño que tiene problemas en cuanto a la lateralidad y por ello le es igual colocar la “barriguita” a las letras “b”, “d”, “p” y “q” de cualquier lado, o aquel niño que presenta problemas con el número 7 y la letra F. De igual manera un niño que confunde el número 6 y el número 9, o las letras “n” o “u”, nos evidencia que estamos en presencia de dificultades para reconocer los conceptos de arriba y abajo, y eso tiene que ver con los conceptos de percepción tiempo-espacio y direccionalidad.
Confusión de letras, inversión de letras y números, aumento u omisiones de letras o sílabas, son casos que claramente muestran las fallas palpables y dificultades que presentan algunos niños, siendo la razón el empobrecimiento motriz en el cual se encuentran sumidos. Otro ejemplo palpable se evidencia cuando algunos docentes indican a los niños que deben formar una “fila” (uno al lado del otro con un frente común) para entrar al ambiente de aprendizaje y los ordenan uno detrás del otro (o sea, formando una columna), cuando la fila es una formación en la cual las personas deben ubicarse una al lado de la otra y así sucesivamente, mientras que la columna es un tipo de formación en la cual las personas deben ubicarse una detrás de otra y así sucesivamente.
Podemos deducir claramente que muchas personas están confundiendo conceptos claves como: adelante, atrás, izquierda, derecha, y al desarrollar actividades destinadas a la enseñanza causan de forma implícita dificultades de comprensión en cuanto a la direccionalidad y la percepción del tiempo y el espacio, empobreciendo la motricidad del o de los individuos. Ortega (s.f.) afirma que tanto la lectura como el grafismo y el cálculo son operaciones que para su instrumentalización requieren un desarrollo equilibrado de los elementos y sub-elementos que componen la motricidad del ser humano, entre ellos, equilibrio correcto, control postural, discriminación visual y auditiva, buena atención, memorización, buen desarrollo de la coordinación óculomanual, lateralización bien afirmada, adecuada percepción visual, idóneo conocimiento espacio-temporal, una buena concentración y la adquisición de la noción de número.
Creemos firmemente que estos momentos son de trascendencia histórica para nuestro sistema educativo en cuanto a la búsqueda de la formación de un nuevo ciudadano, haciéndose necesaria la comprensión de una educación mucho más completa, realmente integral, donde la comprensión de la unidad en el humano sea un asunto imprescindible, impostergable, importante, ya que no podemos educar y formar al hombre solamente desde lo meramente cognitivo en detrimento de lo físico, o viceversa. Estos aspectos no pueden desvincularse en la construcción y abordaje del conocimiento.
No se trata aquí del desarrollo motor en sí, sino que se trata de partir del estado del desarrollo, de la fase evolutiva en la que se encuentra el niño, para entonces enriquecer el sustrato motriz, lo que hay, o sea, enriquecer al niño no sólo desde el punto de vista motriz, sino también desde todo punto de vista, afectivo, cognitivo, espiritual y social tomando en consideración los estadios de maduración, crecimiento y desarrollo en los cuales se encuentra.
Ahora bien, después de lo que hemos conversado algunos podrían pensar que sólo se trata de fallas en cuanto al dominio de vocabulario técnico, sin embargo, se ha verificado que se presentan fallas en lo que se refiere a la construcción subjetiva de la conciencia corporal, del conocimiento del cuerpo y el conocimiento de esquemas corporales adecuados, y ello se traduce en el hecho de que si el docente no posee un verdadero concepto de estos elementos, ha de tergiversar el proceso que los niños puedan lograr, y podrían estar formándose de manera inconsciente las bases para la posible aparición de perturbaciones motrices, defectos posturales, y otros. Existen fallas referentes a patrones y conductas de movimiento, limitando entonces a los alumnos al tecnicismo movimental y privándoles de expresarse libremente a través del cuerpo con gestos motrices creativos, imaginativos y libertarios. Esto corrobora lo que hace un tiempo atrás ya alertara Berge (1977) al cuestionar esta situación: “¿Por qué sujetar siempre al niño en sus movimientos?, ¿qué se espera de él?, ¿qué sea él mismo o que se convierta en un adulto ordenado, convencional, lo más incómodo posible?”(p.30).
Sucede que según Wallon (1951) es en estas etapas iniciales cuando el niño presenta mayor factibilidad para aprender y tomar de todo lo que observa y escucha para ir modelando su carácter, su conducta y su personalidad, siendo este por supuesto el momento más propicio para acompañar acertadamente los procesos de maduración, desarrollo y crecimiento del individuo. Es por esta razón que es tan delicado e importante el proceso educativo y formativo en estos niveles, ya que de ello depende buena parte de los procesos ontogenéticos del niño. Así es mucho más comprensible el hecho de que lo corpóreo tiene estrecha vinculación con lo cognitivo y que no podemos como docentes proveer de información incorrecta a los niños, y mucho menos conducir un proceso tal con desconocimiento de lo que se ha de decir y hacer, o en el caso de que se detecten fallas o dificultades en algunos niños, fallas que se han estado fortaleciendo en las clases sin la atención necesaria.
Peralta (2000) afirmó que: “Si un buen maestro enseña con verdades, la verdad será norma de vida; si un maestro enseña cosas que no son verdaderas, cuando estas se descubran, se van a falsear otros conceptos que son importantes de no falsearse, como lo es la lealtad, la comprensión, la sinceridad” (p.08).
Es importante tomar en consideración que como docentes debemos estar en una permanente búsqueda del incremento cualitativo de nuestra praxis pedagógica, corrigiendo las fallas que podamos cometer y subsanar las carencias que poseemos, puesto que de transmitirlas a los niños podemos estar falseando otros aspectos imprescindibles como los rasgos axiológicos, rasgos que han de determinar gran parte de su carácter y personalidad. Es pertinente aclarar que no se trata solamente del ámbito de lo motriz, sino que engloba por tanto la integralidad del ser humano. Falsear conceptos trae como consecuencia una confusión de trascendencia histórica puesto que este problema no es de origen reciente. El llamado es entonces a que revisemos nuestro “equipaje” epistémico y a que enfrentemos el presente pedagógico con sinceridad, honestidad, ética, sapiencia y vocación. En este mismo orden de ideas, señala Portela (2001):

Es importante que en la escuela, las personas se den cuenta de sus malas costumbres y las cambien. Subyace allí una nueva perspectiva ética, puesto que se busca responder a las preguntas por el hacer, sentir y poder del ser humano; por su fuerza de existir; por su capacidad de obrar como cuerpo que piensa, o lo que es lo mismo: Cuerpo y pensamiento... Estos aportes al tema central, el cuerpo y la Educación, permiten continuar indagando el por qué se dan procesos de formación en la mentira, porque parece que algunos realizan sus labores en la línea del menor esfuerzo, o porque nos dicen o decimos una cosa y vemos y vivimos otra. Resultado: cuerpos llenos de miedo, cuerpos temerosos, cuerpos replegados, cuerpos acondicionados, cuerpos convencidos, cuerpos amaestrados, terminados, predispuestos, cuerpos que no piensan. Nos debemos más bien a cuerpos con múltiples posibilidades, abiertos, dimensionados, ágiles, interrogados, siempre en proceso, dispuestos, elásticos, agudos, perspicaces, atrevidos, arriesgados, dispuestos a surgir no a costa de otros, sino en interacción con otros (sec. 2/2).

De acuerdo con los señalamientos realizados por Portela, es fácilmente deducible la idea de que el docente debe hacer el esfuerzo necesario para evitar conceptos erróneos en cuanto a la configuración y estructuración del cuerpo, entendiendo que estos no sólo han de interpelar el pensamiento de los niños, sino que también han de interferir en la configuración de su corporeidad y de la forma que esta se expresa. El ser humano posee una cantidad inimaginable de posibilidades de movimiento y no es preciso encerrar al cuerpo en medio de tecnicismos, ni de esquematizar tanto el hecho de que el niño no pueda disfrutar de su cuerpo y de las expresiones que a partir de este puede elaborar.
La orientación de una pedagogía del movimiento debe estar enmarcada en la búsqueda de alternativas para solucionar el encierro del cuerpo y la subutilización que del mismo se hace y se comienza a acostumbrar desde la niñez, hay que buscar la forma más eficaz para brindar al ser humano la oportunidad de ser feliz cuando se mueve, de ser feliz al entender el por qué y el para qué del movimiento que realiza, de ser feliz cuando comprende el sentido de la corporeidad.
Deseamos avanzar hacia la optimización en la comprensión de lo corpóreo y el cómo ello se inserta en los conceptos de integralidad del ser humano y el enriquecimiento motriz, apuntando hacia el desarrollo armónico de las facultades y capacidades del hombre, entendiendo que somos un cuerpo que piensa, un cuerpo que siente, un cuerpo que se expresa y comunica, un cuerpo que se mueve, un cuerpo que se integra, un cuerpo que vive, un cuerpo que se enriquece. Es posible siempre y cuando los docentes se aboquen a mejorar y a corregir fallas a fin de optimizar el proceso educativo y hacerse de las herramientas necesarias para fomentar el enriquecimiento motriz desde la clase en cualquier ambiente en donde se encuentren. Por ello, recordamos lo aclarado por Berge (1977) cuando en su momento opinó que:
Es este un itinerario progresivo que resulta oportuno respetar en toda educación y en particular en la educación del movimiento, si tiende, según nuestro deseo, a favorecer la armonía psicosomática de los alumnos. Hacer que el cuerpo simplemente se mueva lleva a un callejón sin salida. Pero partir del cuerpo para elevarse a tomas de conciencia amplias, supone un camino mucho más enriquecedor que se hace urgente en nuestros días (p.30).
El camino a seguir se basa en lograr la conciencia y el entendimiento de la trascendencia del movimiento hacia algo mucho más enriquecedor que el simple tecnicismo y determinismo movimental en las clases. Existen muchas interrogantes, es cierto, sin embargo, las respuestas están frente a nosotros y nos permiten vislumbrar una labor fructífera pero a la vez indeclinable como docentes y formadores de seres humanos. Aboquémonos pues a la lucha por la optimización educativa.


REFERENCIAS

Berge, Y. (1977). Vivir tu cuerpo. España: NARCEA.

Consejo T., C. (s.f.). La Psicomotricidad y la Educación Psicomotriz en la Edad Pre-escolar I. En: http://www.plazadeportes.com/hnnoticia.

Furlán, A. (1996). El Lugar del Cuerpo en una Educación de Calidad. Conferencia presentada en el 3º Congreso de la CoPIFEF, IPEF Córdoba, Argentina.

Le Boulch, J. (1977). La Educación por el Movimiento. Buenos Aires: PAIDOS.

Ministerio de Educación y Deportes. (2005). Currículo de Educación Inicial. Caracas: Ministerio de Educación.

Ortega, J. J. (s.f.). Psicomotricidad. El esquema corporal. (Origen desconocido).

Pateti Moreno, Y. (2005, Diciembre). Corporeidad y Educación. Conferencia presentada en el Seminario “La cuestión de la formación integral y holística a la luz de la Educación de lo físico como disciplina transformadora unidual”, Aguasay.

Peralta Berbesi, H. (2000). Innovaciones y Alternativas Metodológicas para la Enseñanza de la Educación Física. Tesis de Doctorado publicada, Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, Pereira.

Portela G., H. (2001). “Cómo problematizar la Educación Física desde la transición del concepto del cuerpo al de corporeidad”. En: Lecturas de Educación Física y Deportes. Año 8, Nº 48. Mayo 2002. Buenos Aires. http://www.efdeportes.com/ Revista Digital.

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